setac dorado

Palabras del rector

Elvis 2

Elvis Hernández Rodríguez
Rector

Mirar al pasado nos trae nostalgia, raíces e inspiración. La nostalgia por lo que tuvimos, por lo que vivimos, por los sueños rotos. Por lo que pudo ser. La Biblia menciona una ocasión en la cual el pueblo de Dios, después de 70 años de exilio, regresaba a su tierra. Dios los había liberado y ahora tenían que volver a empezar de cero la edificación de un país, una ciudad, un templo. Replantar los cimientos en medio de conflictos, con enemigos dentro y fuera. Pero cobraron ánimo. Reedificaron el país, la ciudad y el templo. Y en la hora de la dedicación del templo, cuando el agradecimiento a Dios porque su presencia no los había abandonado debía estar en el centro de sus corazones, apareció la nostalgia. Esd 3:11. Sin embargo, los sacerdotes decían al pueblo: “¡Callad, porque es día de regocijo!”

Esa nostalgia nos ha dado identidad, pertenencia y una herencia. Hemos de saber quiénes somos: Hijos de Dios redimidos por Cristo, adventistas del séptimo Día. Con una herencia de fe  que forjó a un pueblo para ser un instrumento de salvación y ejemplo de virtudes cristianas. José Martí dijo: “Un pueblo irreligioso morirá, porque no hay nada en él que alimente la virtud”

Mirar al presente nos llena de regocijo y nos lleva al compromiso, la entrega y el sacrificio. Como un tocón que fue arrasado por el huracán y que no volvería a tener más vida, así parecía nuestro Colegio de las Antillas. Pero hoy nuestro Seminario se yergue como un bastión de fe, libertad y justicia. Me hago eco en este momento de las palabras de uno de los directores del colegio de las Antillas, el Dr F.G Drachemberg dijera en 1947:

“Es cierto que el Colegio ha experimentado profundos cambios en el transcurso de los años: se erigieron nuevos edificios; se crearon nuevas industrias y se han introducido nuevos cursos y nuevos métodos en la enseñanza y en las labores diarias. Así tenía que ser porque debía seguir el crecimiento natural. Pero por encima de todas las señales externas de progreso, se escuchan con inconfundible precisión los latidos del corazón, que no ha cambiado en nada. Son pulsaciones de los grandes principios, que modelaron las mentes y forjaron las almas de aquellos que hoy se enorgullecen de llamar a este Colegio su Alma Mater”

Nuestro Seminario, heredero del Colegio de las Antillas, sigue la senda de los que nos precedieron, un compromiso inquebrantable con la educación cristiana en nuestro país, entregando todo lo que somos y tenemos en un sacrificio aceptable y agradable al Señor.

Mirar al futuro nos da esperanza. Nos llena de sueños que trataremos por todos los medios, con la ayuda de Dios, de hacer posibles. La firma de convenios inter-universidades, los nuevos programas de estudios y el desarrollo de la infraestructura y servicios forman parte de los proyectos que se están gestionando en nuestro Seminario y son parte importante de nuestro futuro. Pero, más que eso, soñamos con ver a estudiantes egresados de nuestro Seminario redimidos, transformados y adiestrados sirviendo a Dios y la humanidad.

Dios nunca se ha olvidado de su pueblo y su brazo siempre ha estado presente para salvarnos. Con su dirección y protección no hay nada que temer. Ansiamos, oramos, y trabajamos para que la venida del Señor nos encuentre preparados para ingresar en la escuela de la tierra nueva, una escuela que no termina y donde Dios nos instruirá en los misterios de su infinita sabiduría, una escuela que durará por la eternidad.